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Hiroshima les cambió la vida: jóvenes de Guanajuato regresan de Japón con una misión

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Lo que vivieron en una de las ciudades más emblemáticas del mundo los hizo regresar con nuevas ideas para transformar sus comunidades

Viajaron miles de kilómetros.

Conocieron una cultura completamente distinta.

Descubrieron tecnología que parece salida del futuro.

Pero, curiosamente, lo que más los marcó no fue un robot, un laboratorio o un rascacielos.

Fue una ciudad.

Una ciudad que alguna vez vivió una de las tragedias más dolorosas de la historia y que hoy es un símbolo mundial de esperanza.

Hiroshima.

Las y los participantes del programa Rumbo a Japón 33 regresaron a Guanajuato con maletas llenas de recuerdos, pero también con algo mucho más importante: una nueva forma de entender la paz, el liderazgo y el papel que las juventudes pueden desempeñar para cambiar el mundo.

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El lugar que les hizo reflexionar sobre el futuro

Durante su estancia en Japón, los Embajadores de Paz visitaron centros de innovación, espacios culturales y proyectos internacionales.

Sin embargo, fue el Parque Memorial de la Paz de Hiroshima el que dejó una huella profunda en muchos de ellos.

Para Lina Guadalupe Díaz Gamiño, joven originaria de Romita y estudiante de Ingeniería Biotecnológica, la experiencia fue imposible de olvidar.

Ver cómo una ciudad que sufrió tanta destrucción logró convertirse en un referente de reconciliación le hizo comprender que la paz no es algo lejano ni reservado para los gobiernos.

La paz también se construye en las escuelas.

En las familias.

En las amistades.

Y en las decisiones que tomamos todos los días.

Después del viaje, Lina regresó convencida de que la ciencia, la educación y la colaboración internacional pueden convertirse en herramientas para mejorar la vida de las personas.

Su objetivo ahora es acercar a más jóvenes oportunidades académicas, culturales y científicas que les permitan ampliar sus horizontes.

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"Ya no somos el futuro, somos el ahora"

Para Francisco Alberto Navarrete Mares, de Abasolo, la visita al Museo Conmemorativo de la Paz representó un antes y un después.

La experiencia le recordó algo que muchas veces olvidamos: las juventudes no tienen que esperar años para generar cambios.

Pueden hacerlo desde hoy.

“Somos jóvenes y somos el ahora”, reflexionó tras recorrer uno de los espacios más emblemáticos de Hiroshima.

Lo vivido lo inspiró a compartir este mensaje con otros jóvenes mediante conferencias y actividades relacionadas con los Modelos de Naciones Unidas, buscando promover una cultura de paz desde la participación activa y el diálogo.

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La paz también se aprende

El viaje dejó enseñanzas distintas para cada integrante del grupo, pero hubo una idea que se repitió constantemente.

La paz no es simplemente la ausencia de conflictos.

Es una construcción diaria.

Javier Cortés, docente y profesionista participante del programa, descubrió que la reconstrucción de una sociedad comienza con valores tan sencillos como el respeto, la empatía y la capacidad de escuchar a los demás.

Inspirado por esta experiencia, actualmente desarrolla proyectos educativos utilizando el origami como herramienta para fomentar la paciencia, la creatividad y la resolución pacífica de conflictos.

Sí, el arte también puede ayudar a construir comunidades más fuertes.

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Tecnología del futuro y valores que trascienden

La aventura en Japón también incluyó visitas a proyectos de inteligencia artificial, robótica y neurotecnología en el Mirai Innovation Research Institute.

Además, participaron en actividades de intercambio cultural con la organización Reiyukai, recorrieron el histórico templo Tōdai-ji y sostuvieron encuentros que fortalecen los lazos entre Guanajuato y Japón.

Pero al final, más allá de la tecnología y los lugares impresionantes, el aprendizaje más valioso fue otro.

Entender que cada persona puede convertirse en un agente de cambio.

Que las acciones pequeñas también cuentan.

Y que la construcción de un mundo mejor comienza mucho antes de ocupar un cargo importante o tener una gran influencia.

Comienza con la decisión de involucrarse.

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Un viaje que apenas comienza

Aunque el recorrido por Japón terminó, para estas juventudes el verdadero viaje apenas empieza.

Porque ahora regresan con proyectos, ideas y una nueva visión sobre cómo construir comunidades más solidarias, participativas y humanas.

Y quizá esa sea la enseñanza más poderosa de todas.

Que la paz no es algo que sucede.

Es algo que se construye.

Todos los días.

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