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Los jóvenes que están salvando al planeta… desde las azoteas

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Parte 2: No son activistas de discurso, son activistas de acción

Si algo distingue a esta generación es que ya no espera permisos.

Mientras algunos todavía discuten si el cambio climático “es real”, miles de jóvenes ya están actuando… literalmente desde arriba.

Azoteas que antes solo acumulaban polvo, ahora sostienen huertos urbanos, paneles solares, sistemas de captación de lluvia y espacios verdes que enfrían ciudades enteras. Y detrás de cada uno hay jóvenes que decidieron dejar de quejarse y empezar a construir.

No son proyectos gigantes financiados por corporaciones.

Son ideas nacidas en cuartos pequeños, talleres escolares, colectivos vecinales y universidades. Ideas que crecen porque alguien se atrevió a probar.

¿Por qué las azoteas?

Porque es lo que había.
Porque no todos tienen tierras, pero casi todos tienen un techo.
Y porque esta generación entendió algo clave: no necesitas el espacio perfecto para empezar, solo decisión.

Desde ahí se están produciendo alimentos, reduciendo el calor urbano, bajando el consumo energético y creando conciencia ambiental real, no de Instagram.

Jóvenes que entienden que salvar el planeta también es sobrevivir

Para muchos, estos proyectos no solo son ecológicos, también son una forma de resistencia económica y social.
Cultivar en casa reduce gastos.
Captar agua es una respuesta a la escasez.
Generar energía limpia es independencia.

Salvar al planeta dejó de ser una causa abstracta: ahora es una estrategia de vida.

Menos likes, más impacto

Lo más poderoso es que muchos de estos jóvenes no buscan aplausos.
No se llaman “héroes verdes”.
Simplemente hacen lo que consideran lógico: cuidar el lugar donde viven.

Y sin darse cuenta, están inspirando a vecinos, familias y comunidades enteras a replicar la idea. Así se mueve el cambio: silencioso, constante y colectivo.

El futuro no se está diseñando en oficinas

Se está sembrando en macetas recicladas.
Se está instalando con paneles sobre concreto caliente.
Se está aprendiendo a prueba y error.

Esta generación no heredó un planeta en buen estado, pero sí heredó la responsabilidad de decidir qué hacer con él. Y muchos ya eligieron: actuar hoy, aunque sea desde una azotea.

Porque a veces, salvar al mundo empieza justo arriba de tu cabeza.

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