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Cuando la lucha libre une a tres generaciones

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Más de 800 personas se reunieron en León para vivir una noche de máscaras, rimas, murales y campanazos. Pero “Leyendas del Ring” fue mucho más que una función: fue un encuentro entre abuelos, padres, jóvenes y niños alrededor de una tradición que se niega a desaparecer.

Una arena llena de historias

“¡Lucharán a dos de tres caídas, sin límite de tiempo!”

La frase que tantas veces ha hecho vibrar las arenas mexicanas volvió a escucharse en León, donde las canchas de basquetbol de CODE León 1 se transformaron por una noche en un auténtico escenario de lucha libre.

Había de todo en las gradas: niños emocionados sobre los hombros de sus papás, jóvenes apoyando a sus luchadores favoritos y abuelos recordando aquellas funciones que disfrutaron décadas atrás.

Muchos llegaron con máscaras y playeras de sus ídolos.

Otros simplemente llegaron por curiosidad.

Pero todos terminaron formando parte de la misma afición.

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Cuando el ring también es cultura

Organizado por el Instituto de las Juventudes a través del Eje Vocación, “Leyendas del Ring” mezcló lucha libre, arte urbano, freestyle y deporte.

Antes de que sonara la campana, jóvenes exponentes se enfrentaron en batallas de freestyle, convirtiendo las rimas en otra forma de expresión.

Después, uno de los muros del recinto comenzó a transformarse.

Los artistas urbanos locales Solvo y Peck realizaron un mural dedicado a una de las dinastías más reconocidas de la lucha libre mexicana: la del Santo.

La obra fue develada junto a Santo Jr., quien destacó la importancia de unir arte, educación, deporte y cultura.

Y entonces sí: llegó el momento que todos estaban esperando.

Sonó la campana.

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El Santo volvió a encender las gradas

La aparición de El Santo Jr., con la legendaria máscara de plata y una capa roja, provocó uno de los momentos más emocionantes de la noche.

Niños y jóvenes lo recibieron con gritos, mientras algunos adultos mayores observaban con la nostalgia de quien vuelve a encontrarse con una parte de su infancia.

En la lucha estelar, Santo Jr. y Cosmos enfrentaron a H. de Fishman y Volcán.

Los gritos de “¡Técnicos!” y “¡Rudos!” no tardaron en aparecer.

Al final, los técnicos se llevaron la victoria.

Pero quizá el momento más bonito ocurrió después.

Cientos de personas hicieron fila para tomarse una fotografía con Santo Jr. y llevarse un recuerdo de la noche.

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Una tradición que cambia, pero no desaparece

Para Regina Trujillo, directora general del Instituto de las Juventudes, llevar estas expresiones a las nuevas generaciones también significa hablar de identidad.

Y quizá ahí está lo más interesante de esta historia.

La lucha libre puede cambiar de escenarios, incorporar nuevas generaciones y convivir con el freestyle o el arte urbano.

Pero algo permanece:

la capacidad de reunir a personas que tienen edades, gustos y experiencias completamente diferentes.

En una época en la que cada generación parece vivir en su propio mundo, una máscara puede convertirse en un punto de encuentro.

Y eso demuestra que algunas tradiciones no sobreviven porque permanezcan exactamente iguales.

Sobreviven porque las nuevas generaciones encuentran su propia manera de hacerlas suyas.

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